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01 abril 2009

Capitolio

He estado cuatro veces en Roma y es una ciudad que siempre me parecido fascinante. La última vez fue a finales de agosto de 2006.

Con Roma me sucede una cosa muy curiosa y es que cada vez que he ido he regresado con una visión diferente, con la impresión de haber visitado ciudades diferentes. Y eso, por ejemplo, no me pasa con París o con Berlín.

Es una situación extraña. Conozco el marco general pero los detalles, la luz, el ambiente de cada visita aportan matices que transforman los recuerdos anteriores. Es como tener una visión con múltiples facetas que se superponen unas con otras.

Hay un lugar de la ciudad que me gusta especialmente tanto por su significación histórica, su enorme carga artística y por la simbología que toda ella refleja. Se trata de la Plaza del Campidoglio en la colina Capitolina.


Centro neurálgico de la ciudad y del mundo en la antigüedad clásica, Migue Ángel volvió a reforzar su simbología mediante una renovación arquitectónica que la adaptaba a los nuevos tiempos. Así, el centro neurálgico de la ciudad recuperaba su esplendor renegando de su pasado caduco y haciendo frente a su nueva realidad: la plaza diseñada por Miguel Ángel da la espalda a las ruinas del Foro y se abre hacia la nueva ciudad en dirección al Vaticano y la basílica de San Pedro.

En fin, un lugar tremendamente significativo que me emociona siempre que lo he visitado.

Cuelgo también una foto que tome en mi última visita y en la que se puede apreciar una de la ventanas del Palazzo Nuovo que se encuentra en la Plaza.


Me gusta especialmente por el juego de sombras y luces, la combinación de pilastras y columnas, el contraste de tonos y colores o la utilización de elementos arquitectónicos. Una auténtica maravilla que resalta aún más teniendo en cuenta el conjunto de todo el edificio.


Un lugar repleto de magia, emoción y belleza.

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