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09 mayo 2011

Salvador Novo



¿Cómo será posible que nada te conmueva,
que no haya lluvia que te estruje
ni sol que rinda tu fatiga?

- o -

"...Porque en mí floreció tu primavera;

porque tu otoño maduró mi espiga
que el invierno guarece y atempera... "


17 noviembre 2009

Carlos de Sigüenza y Góngora

Y retiemble en sus centros la tierra, libro que ya mencioné en la entrada de ayer, está siendo un pozo de sorpresas...

Mi (largo) trayecto diario en tren, de ida y vuelta, desaparece cuando tengo un libro entre las manos. Pero en esta ocasión me sucede algo que ya no es tan frecuente: tengo que refrenarme para que la emoción no me acelere y poder disfrutar de la historia, las frases, los personajes, la ciudad de México... con plenitud.


Así las cosas, hoy me ha llamado la atención el nombre de un mexicano del siglo XVII de quien no tenía ninguna referencia. Se trata de Carlos de Sigüenza y Góngora, un personaje tremendamente singular.


He estado toda la tarde buscando información de Internet sobre él y las cosas que he averiguado me confirman que se trató de un individuo especialmente excepcional. Curiosamente fue amigo de Sor Juana Ines de la Cruz, otra de las grandes figuras del siglo XVII mexicano, y escribió su elogio fúnebre, pero ésta le ha sobrepasado en fama, al menos para mi.

Os dejo aquí las palabras que utiliza Gonzalo Celorio en la novela para referirse a Carlos de Sigüenza y Góngora. A mi me han resultado tremendamente atrayentes:
"... tras su expulsión de la Compañía de Jesús, había desempeñado más trabajos que el Lazarillo de Tormes -enjundiosos unos, miserables otros- para patrocinar su infatigable curiosidad: fue cosmógrafo principal de la Nueva España, inspector general de cañoneros, corredor de la Santa Inquisición, cronista de las glorias del Arzobispado, catedrático de matemáticas de la Real y Pontificia Universidad, limosnero mayor del Arzobispo Aguiar y Seijas, que un día de mal humor le destrozó los anteojos de un bastonazo, y confidente de sor Juana."
"... Su alborozo al contemplar un eclipse con un anteojo de larga vista, mientras los habitantes de la ciudad virreinal se refugiaban en la Catedral y en las iglesias pensando que tal fenómeno celeste era anuncio de sucesos calamitosos y manifestación inequívoca de la ira de Dios por los pecados cometidos; su entereza para calmar el miedo que causó en la población y particularmente en el ánimo de la virreina la aparición de un cometa en el firmamento ; su rivalidad con el padre Kino, que, llegado del Tirol austriaco, despreció sus conocimientos astronómicos como si los criollos caminaran sobre dos pies por dispensa divina; su audacia al encaramar a doce deidades aztecas en el arco triunfal que se colocó en la Plaza de Santo Domingo para recibir al nuevo virrey; su valentía y su amor a las letras y a la historia al arrojarse a las llamas para salvar los valiosos documentos que se guardaban en el archivo de las Casas del Cabildo, incendiadas en un motín; su modernidad al decidir en su testamento que su cuerpo, aquejado de males biliares, fuera abierto a su muerte para adelanto de la medicina."

11 mayo 2009

Nueve años

Hoy hace nueve años, a esta hora más o menos, conocí a Alberto en el Restaurante La Bodeguita del Medio del D.F.

Un lugar de primera para un suceso de primera.

¡Feliz Aniversario!


02 mayo 2009

Influenza

Aunque a veces me da la sensación de cierta frivolidad a la hora de hablar de este tipo de asuntos, sí que me gustaría compartir algunas reflexiones que al hilo del asunto se me han pasado por la cabeza en los últimos diez días.

La primera de todas es que, en contra de lo que a veces se pueda percibir, esta vez han funcionado de forma eficaz los mecanismos mundiales y nacionales de detección y prevención. Lógicamente no soy ningún experto y no tengo más información que el resto de los mortales pero la impresión que tengo es que existe un organismo supra nacional (OMS) que ha trabajado rápido y bien y que las autoridades sanitarias locales no han hecho demasiadas tonterías (bueno, el gobierno egipcio ha ordenado sacrificar toda la cabaña porcina cuando, a lo que parece, los pobres cerdos tienen poco o nada de culpa esta vez). Aunque parezca increíble, el asunto salió a la luz hace tan solo diez días. Da la sensación de que ya llevamos toda la vida viviendo con el problema pero no es así. 10 días, solo 10 días.


La segunda cuestión me ha surgido al hilo de las imágenes que he visto, casi todas de México, de gente que vive de forma permanente con una mascarilla en la boca. Es la constatación de que los humanos somo peligrosos para nosotros mismos. A la espera de las conclusiones y reparto de culpas de los iluminados de turno (¿será pecado, también, llevar mascarilla como lo es usar preservativos? ¿Esclarecerá el infalible Santo Padre la cuestión o preferirá callar en aras de mantener su, ya de por si dañado, índice de popularidad?) es terrible constatar una vez más el rumbo peligroso al que se encamina la humanidad. Según las últimas noticias, el nuevo virus es dañino en cuanto que es nuevo, desconocido, pero no parece que sea especialmente agresivo. ¿Qué hubiera pasado si, por ejemplo, hubiese sido un virus muchos dañino, si el índice de mortandad fuera mucho más elevado? ¿Es posible que eso suceda hoy en día? ¿Tendríamos que limitarnos a"verlo" pasar como si una nueva Peste Negra se tratara?


Por último, mis pensamientos se dirigen especialmente a México, a la gente de México que está soportando y sobrellevando este asunto con una tranquilidad y saber estar absolutamente ejemplar. Toda la actividad pública suspendida y una cuarentena voluntaria que se está cumpliendo de forma ejemplar en un país acostumbrado a mirar a las cosas de frente y a incorporar a la rutina diaria los peores designios. Así ha sido siempre y así sigue siendo.